Vestido con buen abrigo
un día te sientes desnudo
y en el desierto perdido,
pues nada es lo que pudo.
Al principio niegas verdades
y dudas de los juramentos,
para evitar las veleidades
que te hunden en lamentos.
La acompañas por la acera
pero cual espectro te hallas;
si no eres lo que ella espera
hasta como sombra le fallas.
Y te vas cuando al abrazarla
el frío de la nada le ganó
la lucha al deseo de besarla,
que en otro tiempo reinó.
Por aquellos buenos días
levantamos la última copa;
y unas caricias en letanías
se escaparon entre su ropa.
Con sol, otra será su sombra
en frío, otro brazo será calor
y mi soledad guiará el reloj.
Frente a frente: E. Bunbury